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martes, 18 de febrero de 2014

Muralismos en pugna

Por Marcelo Carpita

En varias oportunidades, charlando con amigos, surgió la pregunta: 
¿Qué diferencia hay entre los denominados “neomuralistas” y el muralismo que practico y trato de representar?
En principio el prefijo “neo” tiende a  desvalorizar ambas producciones, porque implicaría como algo “retro”, viejo o caduco a uno, y algo “neo”, nuevo o recién nacido a otro. Y las producciones visuales surgidas de las culturas de los pueblos, por más efímeras o transitorias que sean, no se sintetizan o se reducen unas a otras; a menos que hablemos de culturas hegemónicas y de culturas sometidas o subsumidas.
El muralismo, en cualquiera de sus expresiones surgidas del arte público, se retroalimenta constantemente. Me juego a  asegurar que todos los muralistas aprendemos y nos modificamos cuando vemos que un colega logra un resultado estético y técnico que consideramos admirable y pasible de ser absorbido como enseñanza; de la misma manera que los músicos en una Jam o en una “tocada” entre amigos. No puede haber plagio cuando se vive un mismo tiempo, una misma realidad, se batalla en el mismo campo contra los mismos enemigos: la mediocridad y la miopía conceptual. Rodolfo Kusch, desde su planteo de pensamiento americano y con su altura filosófica, lo denominaba “ratería sagrada”. Kusch, ubicando a aquel hombre que “hurta” amablemente los frutos de la madre tierra, sin saquearla ni arrasarla; yo, ubicándome como un ser incompleto, con carencias técnicas y estéticas, que toma de sus maestros y colegas lo admirable, y que se despoja de sus propios logros para que otros los mejore. Esto, para mí, es así. Lo entendí viendo a aquellos maestros que dejaron su huella en nosotros, y que hoy decimos que “hicieron escuela”, “tuvieron un estilo” o “marcaron tendencia”. Todo no es más que ratería sagrada, porque autodefinirnos “creadores” es una denominación demasiado ambiciosa para estos tiempos de recuperación de ideas y valores que nos unan como pueblo, y no nos separen como dioses.
Aclarado este punto la diferencia que veo, está en cómo se construye el relato visual para iniciar, o no, un diálogo con el espectador. Digo “relato” marcando una diferencia con “discurso visual”, que creo que ambas expresiones muralísticas lo tienen.
Entonces, podríamos hablar de un muralismo que tiene sus orígenes en el muralismo de la revolución mexicana, que es el que practico, y que su proyección generacional estuvo sostenida desde las escuelas de arte,  a un ritmo dispar, con metodologías disímiles y con interpretaciones técnicas ambiguas, pero que se desarrolla de forma ininterrumpida, por lo menos en nuestro país, desde 1946. Un muralismo que se esfuerza por armar un relato que exprese historias, costumbres, leyendas y definiciones sociopolíticas regionales con una contundencia compositiva y formal que no genere ambigüedad en el discurso, en la medida de lo posible; relegando a un segundo orden las búsquedas estéticas y la investigación del impacto visual de colores y texturas, como complemento simbólico de la obra. Un producto pragmático con una poética cercana al realismo latinoamericano.

Maestro mexicano Jorge González Camarena

El “otro” muralismo, el mal llamado “neo”; tal vez surja de una propuesta europea y tenga su génesis en los muros que dividía Berlín hasta 1989. Una voz libertaria, un grito hecho relato, que se hizo objeto de estudio en las universidades y fundamentalmente en las facultades de diseño y comunicación; y que a lo largo de los años se sistematizó en fórmulas de colores y de contrastes estudiados y utilizados en la industria publicitaria. Y en esto coinciden ambos muralismos, al buscar los efectos pragmáticos de la obra.

Muro que dividía Berlín

Ahora ¿En qué se diferencian ambos muralismos?
Uno busca dialogar y el otro interpela al espectador.
El muralismo “latinoamericano” inicia el diálogo desde el tema que escoge, tratando de generar consenso aunque pronuncie una crítica social, y afianza ese diálogo procurando la participación comunitaria en el desarrollo técnico de la obra contemplando errores y diferencias con el proyecto inicial, haciendo que ésta quede arraigada a la barriada. Quizá  este procedimiento sea el gran aporte de los muralistas contemporáneos a diferencia del clásico muralismo de la revolución, de una marcada erudición técnica y estética.
La interpelación del segundo muralismo en cuestión es unidireccional, no da lugar a réplica. El relato está encriptado en imágenes que muchas veces ponen al espectador entre una obra técnicamente admirable y pero difícilmente comprensible. Y es que al realizador puede no  interesarle demasiado lo que la gente común piense de su obra. Pero sí un público aficionado o erudito, que sabrá desentrañar ese “mensaje exclusivo”, como algunas letras de rock.
Este muralismo llega junto a nuevos paradigmas comunicacionales y asociado a recursos audiovisuales que complementan la obra y cierran el círculo entre el muralista y el público. Los productos audiovisuales que surgen a partir de la documentación de la realización del mural completan esa parte de la comunicación que entabla el muralista con un público que se mantiene como un espectador pasivo y que difícilmente participe de la realización de este tipo de obra.
Pero hay excepciones. El muralismo chileno actual plantea alternativas ejemplares que logra reunir ambos componentes. Muchos tienen sus raíces en el graffitti tradicional y otros son egresados de escuelas arte, y guardan en común la utilización prodigiosa de la aerografía con aerosoles. Han logrado complementar inquietudes estéticas del arte urbano y absorber modos del muralismo tradicional poniendo como denominador común su situación como sujetos en lucha por reivindicaciones sociales en el orden regional, sosteniendo un discurso visual aggiornado con un relato que dialoga con las comunidades. Esta lectura la puedo hacer justamente porque por cada proyecto mural está presente un proyecto audiovisual sumamente cuidado en su producción.
En síntesis, existen las diferencias entre los muralismos en pugna, y son más que interesantes que las haya. Pero la disputa real está en el campo simbólico y político.
El muralismo de la revolución mexicana contó con el apoyo e impulso importantísimo de políticas públicas de estado, donde la realización de murales y su promoción en todos los medios de producción e industrias culturales afianzaron la identidad que hoy anhelamos. Actualmente el estado argentino no reconoce al muralismo como posible partícipe de políticas culturales públicas, por lo que deja al sector privado el desarrollo y difusión de producciones de arte público que tienden a no desear conflictos entre las distintas realidades sociales, ni dialogar con la comunidad para generar alternativas de participación social y discusión sobre la estética urbana en los espacios públicos, adormeciendo el pensamiento crítico y el debate.
Pero ese es otro tema.


2 comentarios:

Omar Sirena dijo...

La ùltima parte de tu anàlisis Marcelo . no es ajustada a la realidad ,no es blanco o negro ,estado o sector privado , tendrìasmos que charlar sobre esto , el sector privado , respeto tu posiciòn pero me parece que debes actualizarte con la realidades de los muralistas que vivimos de este oficio , haces un anàlisis conveniente para tu posiciòn filosòfica que no discuto y comparto en gran medida , acadèmico quizàs , pero mi experiencia contradice estas posiciones idealistas o ideales que planteàs , el sector privado muchas veces demuestra mayor amplitud y apertura que el torpe estado que nos està tocando , el estado està haciendo del arte pùblico un producto simplificado mal llamado comprometido , estereotipado , con una trama de vivos buròcratas que son una calamidad para la aspiraciones de construcciòn de una patria a partir de las imàgenes pùblicas ,el sector privado , y a pesar de algunos prejuicios es màs contemplativo y audaz y a la vez neòfito , cosa que permite una educaciòn por parte del muralista que se contrata a la hora de ofrecerle un espacio , hablo desde la posiciòn de laburante muralista que vive de esto y que no por eso traiciona sus principios ni su ideologìa , hablo desde la experiencia de tratar con un estado lleno de vivos que adhieren a un discurso , que se aprenden los cliches primitivos del discurso lineal del muralismo y sus hèroes famosos y al discurso bobo de inclusiòn que no cumplen a la hora de ofrecerte alternativas dignas de empleo , te habla un tipo que està con las patas en la calle hace mucho tiempo militando el muralismo como sea , manteniendo el equilibrio entre el discurso y la praxis . cosa que a veces no se logra porque a la hora de vivir de esto Kusch te sirve hasta que la filosofìa del muralista revolucionario no te paga , o no te da de comer . Adhiero a las luchas del muralismo como es lògico como todo el mundo , pero veo que no hay compromiso real , y el compromiso exige sacrificios , el muralismo del aula sirve un rato porque yo fui parte tambien de los claustros , el error aùn es nuestro , ni del sector privado ni del estado , el problema aùn està en nuestras manos , en nuestra mirada de guerra frìa de muralistas que pueden mantener un discurso , puro , porque no estàn asumiendo las realidades cotidianas y a veces banales del muralista que mal , bien o como sea , milita con todas las circunstancias , todas , de la supervivencia diaria. Adhiero a estas luchas y apoyo este espacio , las circusnstancias de nuestra realidad son derivadas de nuestra formaciòn altanera , bella si se quiere, pero en gran medida ficticia , producto del estado de pensamiento adolescente profundo pero adolescente y poco eficaz a la hora de encolumnarnos como trabajadores reales y concretos en este proyecto que defendemos.

marcelo carpita dijo...

Gracias, Omar por tu comentario. Noto una gran desilusión en tu experiencia muralista, que parece no ser poca, en relación con los estados y tus colegas. Gracias por actualizarme.
Creo que no entendiste bien mi reflexión. Ruego que te tomes el tiempo para analizarla, y verás que coincidiremos. Yo no estoy en contra de los emprendimientos privados. Te deseo mucha suerte en tus proyectos.